viernes, 29 de abril de 2011

La boda del siglo


No sé por dónde empezar... quiero hablar absolutamente de todo, pero temo que se me pasen algunas cosas porque absolutamente todo fue importante.
Empezaré con el vestido de la novia. Hermoso, se veía muy bonito. Transmite bien el mensaje de sencillez y es fiel al estilo femenino conservador de ella, guardando el romanticismo de la ocasión, y la tradición victoriana inglesa. Se ve más que bien hecho, tiene una calidad impresionante. Pero ¿por qué usar un Grace Kelly cuando tienes el poder de instituir un Catherine Middleton?* No es exactamente igual, cambia la silueta de la falda, y el escote pero la inspiración es muy notoria, es más bien una adaptación de época.
El vestido fue hecho a mano, diseñado por Sarah Burton en la casa de Alexander McQueen. Bordado en la Real Escuela de Costura. La cola, visiblemente más corta que la del vestido de Diana, midió solamente 3 metros, en una clara señal al pueblo de su austeridad. Iba bordada también a mano.
La marca Alexander McQueen también se hizo cargo de los zapatos, hechos a mano para no desencajar.
A pesar de que no se vio la originalidad que se esperaba para dar un giro de 180º a la moda nupcial, la boda sí tendrá una influencia: empezando por el peinado, donde la ahora Duquesa prefirió llevar el cabello suelto en lugar de un armado, disfrazado, rígido, falso y espantoso peinado recogido (mi problema con los peinados tiesos es muy personal). Se veía bien, arreglado, sin frizz, la cara quedaba descubierta, y la tiara se mantuvo en su lugar. Espero de verdad que eso sepulte para siempre el tuvo de spray. Bienvenida la naturalidad suelta o recogida!
Además, Kate decidió maquillarse ella sola. Una decisión muy arriesgada, pero hay que tomar en cuenta que pidió asesoría de una de las mejores maquillistas del Reino Unido y tomó varias clases.
Las mangas regresan definitivamente. Es hermoso el vestido strapless o sin mangas, pero es un importante giro que hacía falta. La manga es un nuevo foco de diseño que se rescató después de muchísimos años.
En cuanto a joyas, la tiara Cartier prestada de la abuela del novio, muy sencilla, bien colocada, suficiente glamour. Los aretes Robinson Pelham perfectos. Medianos, elegantes, bonitos y a la vista.
Sin embargo mi parte favorita fue el ramo. Tan natural, relajado, espontáneo... incluyó lirios, jacinto, hiedra y mirto. Lo diseñó Shane Connolly. ¿Qué puedo decir? ¡es exquisito! no es una cascada elaboradísima, ni un montón de flores amarradas con un listón. Es un verdadero ramo primaveral, delicado, puro!

William, en uniforme militar, de Coronel de la Guardia Irlandesa. Sobre la chaqueta roja llevó una insignia de la Orden de San Patricio con el lema "Quis separabit?" que significa ¿quién nos separará?. Llevaba además la insignia de la fuerza aerea, la orden de Garter, el jubileo de oro y algunas condecoraciones de sus misiones.
Fue una boda de cuento, desde la llegada de la novia, el coro con niños, la salida de la abadía, el recorrido en los carruajes, el beso en el balcón... no dejan más que desear que el matrimonio verdaderamente sea un "y vivieron felices para siempre" esta vez.

Fotos.
hola.com
Anexo.

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