lunes, 26 de diciembre de 2011

Un semestre en Paris

Ya pasó el primer semestre. Por ahora me encuentro en los Alpes, de vacaciones con amigos y una familia que prácticamente me ha adoptado. Fuera de las compras navideñas parecería que no he estado en mucho contacto con la moda, pero no es así.

Hace unos días compré un libro buenísimo que le recomiendo a todos los que estén interesados en el diseño de modas, contiene un poco de todo lo que uno ve en la licenciatura de moda, pero de una manera detallada y efectiva que incluso me ha despejado dudas. El título en inglés es "200 Projects to get you into fashion design" por Adrian Grandon y Tracy Fitzgerald, no sé si exista la traducción en español, pero yo lo compré en francés para poder conocer más vocabulario de mi carrera.

También compré un tesoro que se llama "Très tendence: La mode de 1900 à nos jours" de Harriet Worsley. Tiene muy buenas imágenes y el contenido es muy bueno, bien saben que me encanta pasar horas descubriendo la historia de lo que estamos usando.

Y si de historia de la moda hablamos, estuve hace diez días en el castillo de Versalles, donde vivieron las figuras más importantes del Barroco, Rococó y Dandismo. Es un lugar tan ricamente decorado que si me detuviera en cada detalle nunca hubiera salido de ahí. Me quedé con las ganas de mis souvenirs de María Antonieta, pero ya iré después.
Luego está el Louvre y la maravillosa colección de joyas de Grecia. Para alguien que vino a Francia con cuatro pares de aretes eso es el cielo. Me gustaron tanto que estoy considerando seriamente el diseñar joyas aunque sea en Beads&gems.
Y el metro, dependiendo la línea, subirse al metro puede llegar a ser más enriquecedor que abrir una revista. Primero porque absolutamente NADA se compara al mundo real (se empieza a notar que estudio filosofía realista) y segundo porque es ver la ropa que aparece tan posada en las sesiones fotográficas, ahora en un movimiento funcional. Los franceses realmente usan lentes Dior, bolsas LV, ropa de Marc Jacobs y zapatos Miu Miu en el metro. Obviamente las clases más altas usan sus carros y choferes, pero lo que quiero decir es que, la ropa que para nosotros es solamente para primeras damas y actrices millonarias, en Francia es también para la gente que trabaja, no porque sea más accesible (al contrario!) sino porque el gusto lo demanda.
Otra cosa muy importante: El maniquí hace a la prenda. Los aparadores y las tiendas son bonitos, pero realmente bonitos. Las panaderías, carnicerías, queserías, etc hacen obvio lo que las tiendas de ropa cumplen: los franceses no compran nada en un lugar feo. Todo está bellamente decorado, nunca improvisado.
Hay algo que llama mucho la atención en París, y que se viene notando desde hace varios años en el mundo de la moda: los mayores compradores son los asiáticos. Cuando voy por la calle y veo a una chica asiática inmediatamente me viene la idea de que es una blogger, por su manera tan elegante de estilizar su ropa.

Por ahora eso es un poco de lo que puedo compartirles de mi experiencia aquí con la moda, pero espero pronto hablarles de la realización de algunos proyectos que tengo. La fase de adaptación, el perfeccionamiento del idioma y el entendimiento de la cultura ya tiene que quedar atrás para dar paso a algo más serio.

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